El viernes y el sábado tuvimos la oportunidad, los que vinimos (y cada vez somos más), de ver a dos buenos narradores de estilos bien diferentes.
Garzón destila un humor incisivo, que hizo saltar la carcajada en varias ocasiones contándonos historias de su propia vida que emocionaron al público. También dió cabida a breves espacios para la poesía. Le acompañó a la guitarra su propio hijo, quien desgranó tres temas que apuntan en la buena dirección.
Luciano Federico es un cómico, un clow, que nos hizo reír con un personaje lleno de fantasía y de miradas cómplices. Su intervención estuvo salpicada de una ácida crítica social que encandiló al público, en un afecto recíproco que Luciano agradeció con varios bises.
Dos buenos momentos los vividos en La Casa de la Cultura de Los Realejos.
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